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Envidia Sanna

Jorge ToralJorge Tove/

Bajo unos rayos de luz celeste en forma de cono nocturno cubierto de diamantes, se erigió hace unos días como ganadora del Melodifestivalen 2014 nuestra queridísima Sanna Nielsen, mujer que se ha presentado ya siete veces a dicho concurso (trece años en total). Para mi gusto, cabe resaltar aquel Empty Room de 2008 y ese I’m in Love de 2011, en que cantó al amor a los cuatro vientos mientras un frutero metálico enorme, que algunos calificaron de orgasmatrón gigante, envolvía su melodía con solemnes y evocadores brillos.

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El que la sigue, la consigue.

En esta ocasión, unas notas homeopáticas de piano a modo de susurro ahogado, iniciaban una canción suave y desgarradora que ha hecho las delicias de los votantes suecos y del jurado internacional. Un eurovisivo cambio de nota en mitad de la canción así como una puesta de escena intimista y una presencia bella y poderosa han hecho el resto. El caso es que, por fin, Sanna ha conseguido alzarse como representante de Suecia para el Festival de Eurovisión 2014 en Copenhague y este triunfo sabe añejo, como esos vinos cuya consistencia se debe a un largo proceso de conservación y fermentación.

Este éxito viene a confirmar las consabidas frases “el que la sigue la consigue” y “el éxito es ir de fracaso en fracaso sin desesperarse” (W. Churchill). No obstante, lo que a mí más me llama la atención es el contenido de la canción ganadora: Undo, “deshaz” o “enmienda” en castellano. El estribillo dice algo así como “deshaz mi tristeza, deshaz lo que me duele tanto, deshaz mi pesar. Voy a salir adelante a través de la lluvia. Sé que ya te olvidé. Al fin ya sé lo que debería hacer”.

Pero, ¿por qué ha ganado Sanna ahora?

Primero, porque se trata de una cara muy conocida en Suecia, alguien que sin duda sueña con representar a su país en Eurovisión y que lleva intentándolo desde aquel primer Melodifestivalen al que se presentó allá por 2001, por mucho que ahora se hiciera de rogar, rechazando la canción de este año porque iba a participar en un musical. Menos mal que luego no supo decir no.

Segundo, porque la Nielsen lleva presentándose a concursos desde que tenía ocho añitos. Ese instinto paternal que inspira el ver crecer a un artista profesionalmente (como nos ocurre a nosotros con Pastora Soler, por ejemplo) supone un factor decisivo de cara a la respuesta del público. Todo ello acompañado de una madurez, una emotividad y una seguridad interpretativa que, desde mi punto de vista, no se había visto en Sanna anteriormente. De hecho, me atrevería a decir que antes mostraba cierta debilidad escénica y algún que otro desafine o temblor de voz, algo que no ha ocurrido este año.

Y finalmente, y no por ello menos importante, por la indiscutible potencia de la canción. Se nota que esta vez los compositores han apostado fuerte y no se han limitado a un tema schlager de agrado fácil, sino que han luchado por un himno-balada con tintes de canción ganadora, diseñada exclusivamente para ella.

Si nos fijamos en la letra, se puede apreciar un canto a la superación, una especie de necesidad de cambio ante una situación adversa que, de modo melódico y muy emotivo, expresa en pocas palabras toda la fuerza que una persona puede tener ante una ruptura (suponemos que sentimental).

Con respecto al título, muchas veces me pregunto cómo sería la vida si hubiera esa opción de “deshacer”, tan útil en los procesadores de texto y tan deseada en nuestro día a día: deshacer aquella palabra que desató la furia de alguien; deshacer esa decisión que cambió nuestro rumbo; deshacer esa reacción que nos costó algún que otro disgusto… volver atrás momentáneamente. Estoy convencido de que el hecho de dejar el título en imperativo no es casual, pues de esta manera se deja libertad al escuchante para que interprete las palabras que vienen después del verbo, o bien para que imagine el mensaje únicamente a través del título, antes de escuchar la canción.

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Deshaz mi tristeza, deshaz lo que me duele tanto, deshaz mi pesar.

Musicalmente, son evidentes los numerosos cambios de nota que reflejan esa idea de fuerza y variedad de recursos a la hora de enfrentarse a las situaciones complejas de la vida, así como algunas notas sostenidas en vibrato que recuerdan a los de Barbra Streissand (salvando las distancias).

Lo realmente significativo para mí es el uso que podría estar haciendo Sanna de la letra de esta canción para expresar quizá ese sentimiento auténtico que tiene hacia su propia carrera musical. Ese espíritu de superación al que hace referencia podría estar evocando la situación real que vive desde que empezó en el Melodifestivalen y que la ha llevado por fin a alzarse como triunfadora, aunque sea a solo dos puntos de la segunda (Ace Wilder). Una necesidad de cambio que tal vez, metafóricamente, se vea impulsada por su deseo de lanzarse a mercados más ambiciosos a partir de su futura aparición en Eurovisión. No en vano, los autores de la canción (Fredrik Kempe, David Kreuger y Hamed Pirouzpanah) confesaron a la propia artista que habían compuesto el tema exclusivamente para ella, quién sabe si con este propósito de expansión.

De momento, lo que sí sabemos es que, un día después del alzamiento de Sanna Nielsen como representante de Suecia, su país va en el puesto 21 de las apuestas de pago para la Final, y en el puesto 7 para la semifinal. No soy muy ducho yo en esto de las casas de apuestas, luego no sabría decir a qué se debe esta calificación ni si influye lo reciente de la elección o si es probable que mejore en el ranking.

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Los autores de la canción confesaron a la propia artista que habían compuesto el tema exclusivamente para ella.

No sé cómo quedará el país de Abba en Copenhague, pero en cualquier caso y al margen de cualquier resultado final, le deseo mucha suerte a Sanna, a la que me consta que algunos que leen estas líneas han conocido en persona. En definitiva, le insto a que transmita todos esos sentimientos que nos ha hecho aflorar durante su paso por el último Melodifestivalen y le deseo que todos los demás factores que influyan en la clasificación le sean favorables.